Soy el Vino - Capítulo II

Escrito por  Abr 16, 2014

萨尔瓦多日报维诺。葡萄和葡萄酒。我告诉你我的故事。

LOS RECUERDOS DEL VINO: LA DESCABELLADA HISTORIA DE LAS BRISAS Y EL POEMA DE GILGAMESH.  LA CREACIÓN DE LA BARRICA Y SU HISTORIA DE MAS DE 2.500 AÑOS Y CÓMO SE TRANSFORMÓ EN LA COMPAÑERA IDEAL DEL VINO. CARLOMAGNO, EL EMPERADOR DEL SACRO IMPERIO Y LOS FAVORES AL VINO.  LI, EL SIRVIENTE CHINO QUE INVENTÓ LA SOMMELLERIE.

Por Ricardo Brizuela
Periodista - Escritor ex Sade - Historiador


Esta emoción de compartir mi vida y darles a conocer aquellos sucesos que rodearon mi crecimiento dentro de civilizaciones muy dispares, me hizo olvidar un interrogante que muchos de ustedes, tal vez, se estuvieron haciendo;

¿Por qué el vino – o sea yo – me llamo vino?

Dicen ahora los estudiosos que mi nombre proviene del latín vinus. Otros se inclinan por elegir el nombre griego οἶνος u oinós, que significa lo mismo. No estoy tan cierto en esto.

Dije antes, y aquí estoy para ratificarlo, que aquella borrachera de Noé no creía que fuera la primera de la historia, y en principio lo he demostrado refiriéndome a quienes me tuvieron entonces y se marearon también con mis efluvios generosos. Aclaro respecto a esto que el maravilloso sentido de la Responsabilidad debe primar en la creatura al acercarse a mí. Sin ese auto-control propio de seres evolucionados podría Yo y mis amigos amantes de mis virtudes, perjudicar a otros semejantes o al entorno de nuestro habitat.

Sin embargo, como les prometí, quiero referirme a otras borracheras que se cuentan fueron catalogadas como primera en el principio de los siglos, sin olvidarme en esta enumeración de aquella que protagonizó el cíclope Polifemo.

Las borracheras del sátiro Silenio además fueron de catálogo.

Pero mucho más antigua que la versión del diluvio universal y su borrachera de Noé, el Poema de Gilgamesh, del cual existe una tablilla con escritura cuneiforme que es la escritura más antigua del mundo, relata el mismo episodio. También en otras culturas anteriores de pueblos como los sumerios, acadios, babilonios, etc. se registran hechos parecidos. Es decir, todos estos testimonios, en realidad, certifican mi existencia.


Pero hay un hecho registrado precisamente en el poema de Gilgamesh, referente a una planta que es robada a la humanidad y que tenía el don de otorgar la juventud, que me hizo meditar en cuanto a que esto es comparable a la expulsión del Paraíso por haber comido Adán la manzana de Eva. Muchas veces he pensado que si el hecho en realidad fuera cierto,  esta planta no fuera otra que la de la vid. He oído a los vientos hablar sobre esto. (En esos tiempos yo no balbuceaba). He de contarles aquí el episodio,  que pareciera que mal se conoce como el de la manzana y el Paraíso, tal como una brisa me ha susurrado cierta tarde de estío.


Debo advertirles antes sobre la naturaleza juguetona de las brisas, y no descarto que, traviesas, me hayan querido engañar. Pero este relato es bien coherente con los daños y perjuicios del alcohol si no se sabe manejar lo que se bebe. Ruego de vuestra paciencia disimular estas fantasías para las que no tengo evidencias ni pruebas que aportar. Sin embargo es interesante transmitirla.


Me dijeron las brisas que la curiosidad de Eva fue el origen de este episodio. Que vagando sola por el Paraíso, se deleitaba contemplando animales y plantas, y piedras y pájaros.

Y con cada animal hablaba, y que los vientos le susurraban historias fantásticas, mientras ella acariciaba piedras multicolores, que acercaba a su piel, curiosa de sensaciones. Y probaba todos los frutos que habían sido dispuestos para su gozo y el de Adán. Pasaba así el tiempo vagando despreocupada y feliz.

Vio de pronto una planta reptando entre las piedras y enroscada en las ramas de un árbol, con frutos pequeños y en racimos, de color casi púrpura. Eran uvas. Las probó y le gustó su sabor ácido y dulzón. Tomó entonces unas hojas grandes y volcó en ella algunos racimos, y con ellos volvió en busca de Adán.

Caminó mucho, no existía entonces el tiempo, pero al encontrarlo a él, los frutos que había recogido se  habían machucado y resumían un caldo extraño.

Le contó todo cuanto había visto a Adán, y le dio a beber de aquel líquido.

Adán se sintió mareado y descompuesto. Con hambre le pidió de comer a Eva, indicándole borracho la manzana.


Y Eva le alcanzó el fruto del bien y del mal.


Y así empezó todo, pero si aquello que  Adán hubiera tomado fue vino, yo aún no tenía conciencia como para reconocerlo o reconocerme.

Lo importante es que si las brisas no me han mentido, la primera gran borrachera fue la de Adán y por eso perdió el Paraíso. Este relato es coherente con las costumbres del hombre: cuántos paraísos se han perdido por un descontrol con una bebida alcohólica.

En cuanto a la planta aquella, fue robada por unos simios traviesos -  siempre según las brisas - y se originó allí otra historia descabellada que les contaré oportunamente.

No voy a cometer el error de imaginarme único para el paladar de las civilizaciones que atravesaron los oscuros tiempos de guerra y plagas. Mi prima la cerveza, tiene también un linaje, ahora disminuido a consecuencia propia de su popularidad.

El gran guerrero, conquistador y civilizador Carlomagno, supo beber este líquido ambarino cruzando los campos de muerte de sus batallas, previniendo de esta manera la temida peste, por  la falta de agua potable. Sus tropas también tenían orden de beber cerveza, de modo de hidratarse sin recurrir al agua contaminada. En ocasiones yo he suplantado a la cerveza, aunque en rigor mi gozo estaba en mi presencia en las grandes celebraciones de los triunfadores.

Carlomagno fue uno de los gobernantes que mas hizo por mí. En sus reales decretos tuvo paciencia para incluirme entre los beneficiados, ordenando la plantación de viñedos, pero además, indicando al hierro y la madera como los principales elementos que participarían en la construcción del tonel, la vasija que me contendría para mi traslado en carretera y embarcaciones y que luego quedó ligado a mi historia, cuando se comprobó que mi estancia en contacto con la madera, contribuía a un mejor sabor de mi esencia.

El hombre, mi compañero, supo agradecerle inmortalizándolo en el ámbito propio de mi hechura, dándole su nombre a una cepa de la Borgoña, la  Corton-Charlemagne. Esta es una uva blanca y con el correr de los años fue, con la chardonnay, las únicas uvas permitida por la DO Corton-Charlemagne que se cultivan en la colina de Corton, que fuera una propiedad de Carlomagno.

Ellas, las uvas, fueron las preferidas de la cuarta esposa del emperador: sus razones eran de finura y respeto, pues sostenía que la uva blanca garantizaba mi cuerpo blanco, que no manchara la  barba blanca de su esposo al beberme.

Debo decir además que el mismo nombre de Corton era un homenaje, en un lenguaje corrompido por el tiempo, al emperador romano Otón del Siglo I, de quien hablaré si ya no lo he hecho. La hilación de la historia es muy vaga para mí: mis recuerdos integran una línea sin pasado ni presente ni futuro, propia de los seres inmortales.


Pero aquí me detengo en estas divagaciones, para narrarles  algo muy especial.


Hay en cierto lugar del planeta una cadena de montañas: empieza en Irán y termina en el Golfo Pérsico después de recorrer 1.500 km. En un tiempo remoto, bordeaba en algunos tramos  el camino que llegaba hasta Babilonia. Su nombre, Montes Zagros, remite hoy a enigmas aún no resueltos. El principal habla sobre mi presencia en asentamientos diversos en los que los primeros grupos humanos ensayaban distintas producciones de sobrevivencia, como la ganadería y la agricultura, incluyendo en ésta a la viticultura.

Debo certificar esto como cierto, aunque hay muchos otros yacimientos en distintos lugares del mundo, en los que el hombre daba sus primeros pasos, en épocas similares. La convención de nombres como paleolítico o neolítico no me atañe.

Allí en Zagros nació también, sigo mi historia - tal vez producto de un proceso de transculturización, no lo sé - uno de los implementos que me acompañan desde el principio: el tonel o barril.

He de contarles esta historia porque tiene ribetes de fantasía, tal vez tanta como la mía misma.

Alguien, no sé quien, advirtió la necesidad de agilizar el transporte haciendo más fácil la manipulación de las mercaderías.  El comercio estaba dando también sus primeros pasos, originando las caravanas que llevaban mercadería de un lado a otro. De hecho esta misma ruta sirvió después para el transporte de la seda de China hacia Occidente, inaugurando el Camino de la Seda transitado por un señor de nombre Marco Polo mucho mas tarde, de quien contaré también, después, algunas cosas. No quiero olvidarme - sin embargo - del chino Li, una especie de antepasado de los sommelliers.

Pero vuelvo al tema, ustedes sabrán disculpar mis disgregaciones.

Era entonces el Siglo V antes de esa luz de la humanidad que fue Jesucristo, el Nazareno. Permítaseme utilizar los tiempos terrenales como una orientación aproximada, para facilitar la lectura de estos apuntes.

Como dije, alguien imaginó una forma de trasladar mercadería de todo tipo en un contenedor original. Cortó madera de palma y utilizó largos sunchos de las hojas del mismo árbol.

Con imaginación de carpintero, talló la madera y untó los sunchos con grasa. Construyó con esto un recipiente circular, doblando con ingenio la palma, uniéndolas entre sí y sujetándola con las cintas en la parte externa. De buena capacidad, y con un interior casi inviolable, este recipiente podía rodar sin otro artilugio que su misma forma redonda, facilitando la carga y descarga para  el transporte en carros primitivos.

Así nació el tonel.

Su capacidad fue adaptándose a las necesidades de transporte de distintas mercaderías como vino, agua, vinagre y aceite; además, servía para el transporte de mercaderías variadas.    También  fue variando su nombre de acuerdo a la época o latitudes en las que se empleaba.  Así también se popularizó como barrica, pero se la nombraba además como barril, tonel y otros apelativos regionales. Los romanos le llamaban la canna.

Muchos años después, se inventaron otros elementos para el transporte y las barricas se ocuparon exclusivamente para enriquecerme con aromas de vainilla y humo, en tanto suavizaban mi sabor, y me oxigenaban gracias a los poros de la madera.  En la edad media, he viajado  en la panza de esas barricas.

Pero antes, estas mismas barricas o toneles, sirvieron como peligrosas armas en guerras varias.


-         
Cannas…! Gritaban los soldados de Cesar, alarmados por el barril que rodaba hacia sus líneas desde el enemigo.


-         
Cannas… Cannas! Repetía temerosa la tropa en un vocerío unánime, alertando del peligro.


Las cannas (el barril)
bajaban flamígeras por la ladera de la montaña, zigzagueando para cambiar caprichosamente su ruta. Estaban llenas de azufre, brea, aceite y clavos de madera, y rodaban encendidan hacia las líneas enemigas. Allí donde daban, desparramaban fuego, incendiando todo lo que tocaba, pero además sembraban la muerte con la dispersión de los afilados clavos.

El terror de los romanos ante estas rudimentarias armas era inenarrable. Pero la angustia mayor era ocasionada por el súbito cambio de ruta de aquel proyectil, motivada por su panza que al tocar un obstáculo, desviaba su ruta. Así, inesperadamente la línea de combate podía verse impactada en el lugar más seguro o menos previsible.

El barril pudo haber sido inventado o mejorado en las Galias. Lo cierto es que en las Guerras de las Galias fueron utilizados en gran número por la fuerza de los galos enfrentada al ejército del Cesar.

Una batalla decisiva de esta guerra tuvo lugar cerca de Cahors (Francia).

El lugar se llamaba Uxellodunum y era una meseta elevada rodeada de un río, en la cual los galos construyeron su fortaleza. Esta era considerada  inexpugnable, y allí pretendían las tropas galas resistir hasta que los romanos se retirasen.  A favor de ellos tenían una fuente de agua pura que parecía inagotable y sólo hacían incursiones en los campos vecinos para aprovisionarse de alimentos. Los sitiados contaban con gran número de barriles fabricados por sus toneleros, y noche a noche sembraban la muerte atacando con ellos las líneas del Cesar. Este no podía detener a los galos en sus excursiones de alimentos, y comprendía que mientras tuvieran el dominio de la fuente de agua, el sitio sería en vano. Ideó entonces una estrategia de engaño: simuló construir una torre para atacar Uxellodunum. Los galos concentraron allí sus ataques. Entonces Cesar aprovechó para buscar y encontrar la fuente de agua, y destruirla. Sin agua, los galos se rindieron.

Esta fue una de las últimas batallas presentadas por las tribus galas. El Cesar tomó prisioneros a miles de guerreros y para dar una lección al pueblo rebelde, les perdonó la vida pero mandó que les cortaran las manos. Así los liberó y aquellos desgraciados deambularon por toda la Galia contando estos sucesos.

Temo haberos aburrido con estos relatos: permítaseme nada mas contarles, una última intervención de los barriles como armas de guerra.

Sucedió durante la toma de la Bastilla, en París, en 1789. Los desarrapados, atacaron a la pobre defensa precisamente con barricas. Para esa época Francia ya era una potencia productora de vino y no faltaban toneles vacíos. Entraron triunfales a una Bastilla desocupada. El gobierno declaró después esa acción como primera victoria de la Revolución Francesa.


No me olvido de una promesa: debo relatar la historia de cómo hice mi entrada en China.


¿Recuerdan que hablamos de la Ruta de la Seda? Esta fue transitada en época en que los hombres llaman la Edad Media.

Entonces las caravanas recorrían este camino en ambos sentidos: trayendo a Occidente los productos chinos y llevando a China los productos occidentales.

Las caravanas generalmente eran dirigidas por el Señor al  que pertenecía la mercadería que transportaban. Este llevaba a su servicio un conjunto de sirvientes para ser atendido en el camino. Entre estos últimos se encontraba el encargado de la carga, quien tenía la responsabilidad de acomodarla, proteger los animales y atender a su amo, sirviéndole los manjares y bebidas que llevaba guardadas bajo siete llaves.

Estos servidores tomaron el nombre de su ocupación, los Sommerier o encargados de la carga de los animales (bêtes de Somme o bestias de carga).  Entre ellos pasó a la historia un chino de nombre Li. Volvían de Francia y quiso sorprender a su Señor sirviéndole un vino francés. Preparó el agasajo y, entre los platos, me sirvió. El chino sorprendido tomó un sorbo de su copa y, encontrándome desagradable a su paladar, me escupió en la cara de Li.  

De golpe me encontré refalando en las mejillas del chino.  Li no se desanimó: sabía que si no lograba satisfacer a su amo su vida estaba en peligro. Se esmeró entonces en explicarle los principios de la degustación para disfrutarme plenamente. Agachado, casi de rodillas le pidió otra oportunidad. El chino, su jefe,  le escuchó y accediendo puso en práctica las sugerencias de Li. Volvió a probarme de nuevo: ahora esbozó una sonrisa. Tomo otro trago, y otro y otro más.  Contento, invadido por mis efluvios, abrazó a su sirviente. Li traspiraba: había salvado su vida.


Ambos: amo y servidor, rieron a carcajadas.


Li no sólo había brindado a su amo la primera cata, sino que inauguró la profesión de sommelier y me permitió ingresar lentamente al gusto de los chinos.

La Ruta de la Seda ha sido una avanzada de la civilización por cientos de años.  Gracias a ella, cientos o miles de productos o cultivos se conocieron en China, como la vid, la alfalfa, la cebolla, el algodón, la granada, la nuez, el higo y los pepinos. A la inversa, en el largo recorrido desde Guǎngzhōu, en China, hasta los puertos del Mediterráno, se llevaron la seda, las piedras preciosas, la plata de Irán, ropas, cerámicas, etc.  Pero, al mismo tiempo, también sirvió para algunos negocios denigrantes como el tráfico de esclavos de Turquía.

Pero por este canal de comunicación entre Oriente y Occidente llegué muy tempranamente a China. Poco a poco, algunos viñedos progresaron en ese país asiático y fui criado para deleitar a ciertos grupos de chinos.

He deshilvanado hasta aquí sólo algunas de las historias en que me involucré o de las que fui testigo. Ellas fueron construyendo la esencia del mito en el que me he convertido, en más de dos mil años de convivir con el hombre.


Ahora Soy el Vino, y si sigo contando con el favor de vuestra compañía, sabrán mucho mas de mí y de la historia del hombre.
 


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Ultima vez modificado Viernes, 14 Diciembre 2018 20:28