Una peadillla está recorriendo el mundo y allí donde llega cada núcleo humano reacciona de maneras diferentes. 
 
A menudo se compara esta pandemia como una guerra contra un enemigo común, inflamndo sentimientos de lucha contra un enemigo invisible, solapado, destructivo y letal.
Muchos gobiernos encaran campañas de aglutinamientos de la  población detrás de consignas de facturas distintas que, en el fondo, no difieren una de otras. 
 
En realidad si esto fuera una guerra como se la pregona, el ejército que defienda al hombre, al ser humano, debiera tener un solo rostro, un nombre propio, un reconocimiento de liderazgo en todas las naciones.
 
Este no es el caso: el corona virus ha llegado y con él la sensación de soledad flota en cada núcleo humano en cualquier latitud.  Nunca sabrá quienes son sus aliados ó a quien favorece su enfermedad.
 Tren Sanitario París
Tren sanitario en París es controlado antes de partir por un médico ayudante- (Foto: SCMP)
 
Se pretende vender una acción conjunta con frases al mas puro estilo marketinero, trasladando la campaña de venta de una cosa, de un bien, de una creencia religiosa, a los límites de la seguridad del ser humano. A la geografía de un hogar. Al escenario común del "compre ahora".
Y este hecho es mas visible en momentos que operan sobre la sociedad internacional toda las estrategias y las armas de las soberbias tecnologías de la información y la comunicación, con sus marcas icónicas de aparatos  de última generación.
 

Pero superado el millón de víctimas del "enemigo", siete mil millones de persona no saben quien es el comandante en jefe de la lucha para la que se lo convoca, en "su" defensa. 
La salud de toda esta gente, su vida y sus bienes, dependen de simples circunstancias, gobernantes iluminados u oraciones oportunas. 
No hay en el mundo liderazgo de ninguna naturaleza. Hay países protegidos por su Estado, y hay otros donde la especulación es uno mas de los ingredientes de la pandemia.
Supermercado AustriaEn Austria un supermercado reparte gratis entre sus clientes las mascarillas. En España valen 20 euros cada una.
 
La OMS es solo una sigla. En la práctica sus sugerencias tiene solo características de advertencias, y su propio accionar debe guardar normas que respeten intereses políticos: no puede recomendar un sistema de lucha, una iniciativa o tan solo una experiencia médica, por temor a un réplica de algún país que no estuviera en la misma línea de otro que tal vez estuviera demostrando sus aciertos.
Como ejemplo, baste señalar como el conflicto entre China y Taiwán, inhibe al Organismo de referirse por ejemplo a la pequeña isla en lucha ideológica con el poder dominante de Asia.

En la misma línea, Taiwan no puede donar esfuerzos, mascarillas, remedios, atención médica, etc. porque quien recibe se enemistaría con China, el rival histórico del poder de Taiwán.

El discuros mismo en el tratamiento de los temas es limitante. No corregir por ejemplo el doble discurso entre gobiernos de la Unión Europea y de América es una referencia cierta. 
Más, nadie se pone de acuerdo en qué tipo de cuarentena debe realizarse, ni con qué alcance, ni invocando que autoridad. Ni involucrando que consignas violatorias de los derechos del hombre.  Y, como gran paradoja,  en medio de todo está el hombre.
"No nos venga a ver hasta que tenga fiebre", ordenan desde algunos despachos sanitarios en un país Latinoamericano, a quien le consulta desde su reducto de la cuarentena. "¿Y si tengo fiebre?", contesta la víctima con un hilo de voz: "Ah... entonces primero Dios - escucha casi temblando que contestan -  "entonces veríamos dónde atenderlo"

Y el hombre mismo - la víctima de todo esto - y sus defectos, creencias, imitaciones y superticiones, en muchos casos es el limitante de las ayudas. En muchos lugares - por ejemplo - a una hora determinada todos dejan sus obligaciones para asomarse y aplaudir a los verdaderos soldados: los médicos, los enfermeros y enfermeras, los choferes de ambulancias, los camilleros.
En Singapur, la cercanía de ese mismo personal de Sanidad - médicos, enfermeros, camillas, choferes, etc. - es de mal augurio, y su presencia es rechazada sistemáticamente. 
Ministro Salud Israel
Un "soldado" en su puesto: Ministro de Salud de Israel Yaakov Litzman. Contrajo con su esposa el virus. Estuvo en la la trinchera, mas allá de su escritorio.
 
 
Mascarilla sí o Mascarilla no. Este es el dilema planteado entre Estados Unidos y China. 
Resuelto el mismo, en Estados Unidos - primera potencia del mundo - su presidente Donald Trump aconseja hacer caso ahora a la OMS y usar barbijo. "Han demostrado que son necesarias, para quien esta infectado como para el que no lo está - reconoce, pero agrega con la autoridad de su puesto de Jefe de Estado: "Pero yo no las uso porque no me gustan"

Estas son imágenes de una realidad en la casi aproximación de la humanidad al apocalipsis. 

Para cerrar una imagen reveladora en una anécdota pueblerina: Había en tal lugar un personaje que se empeñaba en molestar a un vecino. Lo llamaba "piojoso" cada vez que lo encontraba. La víctima, ideó un plan para acabar esta afrenta a su ego. Lo secuestro y lo metió en un tanque con agua. 
"Ahora me vas a decir quien soy", le advirtio. Y con una soga sacaba y entraba a su víctima al agua del tanque. Finalmente le dijo: "Ahora me vas a decir quien soy yo". Y, brutal, sumergio totalmente a su víctima. Y al mismo tiempo le gritó: "Ahora dime quien soy yo o no te saco mas, y te ahogas". El ya casi ahogado, saco sus dos manos sobre su cabeza, y unió las uñas de sus pulgares, como matando piojos...

El hombre crea su propio calvario

Ricardo Brizuela

 
Editado en la  Redacción de Diario del Vino de Ensenada, Estado de Baja California, Estados Unidos Mexicanos (info@diariodelvino) 15 años informando al Amante del Vino en todo el Mundo. Diario del Vino y su Net-Work. 
                        
 Diario del Vino acercando la bebida milenaria al hombre, en toda circunstancia. 

Catena Zapata


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